martes, 12 de marzo de 2013

No dejes que la marea te lleve.

Era débil, muy débil. Quizás la más débil pero, no se dejaba derrumbar por nada, ni por nadie. Sacaba el lado positivo a todo, por muy mala que fuese la situación. Decía no creer en imposibles, porque lo imposible solo tardaba un poco más. Se levantaba día sí y día también con una sonrisa, pensando que éste sí que iba a ser su día, pero luego ninguno acabó siéndolo, a pesar de eso, ella insistía. En realidad, creía ser fuerte, o al menos eso aparentaba, pensaba que vivía en una gran fortaleza continua, la cual nunca se derrumbaría, nunca se vendría abajo pero, lo que ella no sabía era que todo lo que sube baja, y que, por el contrario, todo lo que baja vuelve a subir. También solía decir que nada le afectaba, que estaba hecha de un material único, especial. Ella era prácticamente de acero, dura como ninguna. Pero, de repente todo era diferente, tan diferente que aún no se hacía a la idea. Su vida dio un giro de 360º , no sabía muy bien ni cómo ni por qué ni siquiera cuándo había sucedido todo aquéllo pero, miraba atrás y todo era diferente. Las sonrisas ya no eran lo mismo, no eran las mismas, no eran verdaderas, por así decirlo. Todos los que siempre habían permanecido a su lado, habían desaparecido, como si de humo se tratase. Su cielo pasó a ser de un gris tan oscuro, que sinceramente asustaba verlo. Había perdido el horizonte. Tal vez, no cambió nada. Tal vez, fue ella la que hizo que todo cambiara, que ya nada volviera a ser lo que era.

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